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La vulnerabilidad de las mujeres africanas ha generado un trauma profundo. Kwate compartió sobre las dificultades que ha enfrentado desde la pérdida de su esposo. “Por la tarde, estoy normal y feliz, pero cuando llega la noche y recuerdo lo que pasó, empiezo a llorar. A pesar de esto, sé que Dios no es culpable. Él no permitió que me mataran, y mientras tenga vida, continuaré alabándolo”, dijo entre lágrimas. Doris dijo que estaba muy amargada: “Si dijera que puedo olvidar el dolor, estaría mintiendo. Es algo que no logro hacer”, agregó.

 

Entrecerrando los ojos para contener las lágrimas, Rikiya dijo: “Cuando regresé a mi ciudad, no fue fácil. Además de ser viuda con tres hijos, perdí todo. Estaba muy traumatizada. No teníamos nada, excepto la ropa que estábamos vistiendo”.

Frente a este escenario, Puertas Abiertas ofrece a las viudas cristianas sesiones de asesoramiento post trauma. El objetivo es permitirles encontrar sanidad emocional después de eventos traumáticos. Rikiya también compartió sobre cómo ha lidiado con lo que ha experimentado: “En los talleres, descubrí que mi trauma era como una herida que necesitaba ser curada. La cicatriz siempre estará allí, pero la herida mejora”.

En busca de sustento

Además de la atención plena, muchas viudas cristianas necesitan cuidados físicos. Un ejemplo es Kwate, quien, como mujer mayor, hace lo mejor que puede para mantenerse a sí misma, pero su futuro sigue en juego. Esto se debe a la fragilidad de las mujeres en el escenario de esta región africana. “Cuido la tierra y lo poco que puedo hacer es para mantenerme. Por favor oren para que Dios me ayude”, concluyó.

 

Cortesía: Puertas Abiertas